Pocas veces estamos en paz con nuestra soledad, cuando la necesitamos no se deja disfrutar, y cuando queremos que nos deje es muy difícil desprenderse de ella, pero lo cierto es que debemos intentar llegar a un equilibrio entre nuestros momentos a solas y nuestros momentos de estar acompañado.
Todos los días deberíamos estar al menos una hora solos, en un espacio que nos haga sentir bien, seguros, "en casa", y dedicarnos esos momentos a nosotros mismos y nuestros pensamientos, nuestras sensaciones y sentimientos, quedándonos aislados de todo lo que nos rodea normalmente. Esta necesidad afecta tanto a niños como mayores, a mujeres o a hombres... todos necesitamos o deberíamos necesitar esos momentos de soledad, de intimidad.
Cuando vivimos en familia, muchas veces nos sentimos parte de algo mayor, una pieza muy necesaria de una cadena familiar, y da igual que hablemos de una familia de 2 o de 5, y realmente es así, somos piezas necesarias para mantener nuestros "grupos" unidos y estables, pero no debemos perder nuestra identidad. Además de formar parte de grupos familiares, grupos de trabajo, grupos de amigos, tenemos una primera responsabilidad con nosotros mismos, y es la responsabilidad de mantener nuestra identidad, nuestros sentimientos, como algo único y especial, y por eso debemos reconocerlos a solas, para poder compartirlos después con todo aquel que nos rodea. No debemos perder la capacidad de sentirnos bien sin nada más que nosotros mismos, sin nadie más. En muchos casos la soledad genera ansiedad y sensaciones desagradables, aun cuando es una soledad de dos horas, y esto es algo de lo que nos tenemos que proteger, ya que realmente no es algo que debiera hacernos sentir mal, más bien todo lo contrario.
Quizá, cuando necesitamos estar rodeados de gente cada instante de nuestra vida, y nos da un miedo terrible la intimidad o aislamiento, es que algo no está bien en nuestro interior y no queremos enfrentarnos a ello.
Vivimos en sociedad que nos invita a compartir cada instante de nuestra vida, a estar en contínua comunicación, y realemente eso está bien en cierta medida, ya que debe ser una opción, no una regla aplicada a cada minuto de nuestras vidas. El msn, el mail, los sms, los móviles, nos facilitan la comunicación social, pero nos privan de intimidad.
Desde niños debemos aprender a ser felices y estar tranquilos en esos ratitos de soledad, de intimidad y de aislamiento, siempre eso si, como una opción más, algo que podemos elegir sin que suponga un problema o que podemos asumir sin que nos suponga un problema. ¿Quién no ha disfrutado bailando delante de un espejo en soledad, o ensayando discursos de amor imposibles, o conociendo nuestro cuerpo, o dejando volar la imaginación o recapacitando sobre algo complicado de nuestros días? No debemos perder esta capacidad, y debemos dejar que los más pequeños tengan estas oportunidades, en la intimidad de un rato de soledad.