Los músculos forman parte del aparato locomotor, junto con los huesos y articulaciones. Tenemos más de 600 músculos en nuestro cuerpo, muchos de ellos indispensables para nuestra vida. Están formados por tejido muscular, y este tejido, por unas células llamadas fibras musculares. Las fibras tienen la propiedad contráctil y elástica, es decir, que se pueden contraer o se pueden alargar. Su función es dar movilidad, consistencia y forma al cuerpo.
Las proteínas y sus aminoácidos son indispensables para el funcionamiento de los músculos ya que las fibras musculares contienen actina y miosina, que son proteínas que intervienen en su relajación y contracción. El colágeno es otra proteína de estas fibras con función estructural.
Los hidratos de carbono (carbohidratos) y los azúcares, aportan energía al músculo necesaria para su movimiento. Cuanto mayor es el esfuerzo, mayor es la cantidad de energía que necesitaremos, y también cuanto mayor es el músculo, mayor es la cantidad de energía que se consume en su movimiento.
El oxígeno también es fundamental para el funcionamiento de los músculos, por eso en caso de ejercicio inusual o sobre esfuerzo, el ritmo de la respiración se acelera, en un intento de hacer llegar más oxígeno al organismo.
Los tendones son los encargados de “conectar” los músculos y los huesos. Son unas cuerdas fibrosas y blanquecinas que además de conectar, transmiten la fuerza del músculo a los huesos, para conseguir así un movimiento conjunto.
Las articulaciones están formadas por tejido conjuntivo y su función es unir los huesos entre si y facilitar su movimiento y estructura. La salud y elasticidad de nuestras articulaciones es muy importante, ya que cuando fallan estos tejidos, podemos sufrir grandes dolores producidos por enfermedades como la artrosis, artritis, o incluso fibrimialgia entre otras.
Los músculos pueden ser de tres tipos, estriado o esquelético, liso o visceral y cardíaco.
Los músculos estriados o esqueléticos tienen la propiedad de contraerse a voluntad y rápidamente, dan movilidad, por ejemplo a las extremidades, junto con los huesos y articulaciones.
Los músculos lisos forman parte de los órganos y producen movimientos involuntarios que se rigen por el sistema nervioso vegetativo, y participan por ejemplo en para la digestión, con movimientos de contracción y relajación del estómago, el esófago o el diafragma.
El corazón está formado por unas fibras musculares específicas de este órgano que producen un movimiento involuntario también, pero rítmico y continuo. Las células musculares que componen el corazón se llaman “células marcapasos”.
Como curiosidad os contaremos que el músculo que consigue moverse más rápido es el que se encarga de mover nuestros párpados; el más grande es el glúteo y el más largo el sartorio (desde la cadera hasta el gemelo), y que el corazón, al igual que el resto de músculos varía su tamaño siendo proporcional a su cuerpo, pero en este caso, el tamaño del corazón coincide más o menos con el tamaño del puño de su portador o portadora.
Puedes ver una guía rápida de los músculos del cuerpo en nuestra Guía básica de anatomía